NAMASTÉ

Un viaje sensorial por el mundo

La hospitalidad y calidez de una de las fiestas más famosas de la isla, que se celebra los miércoles, es una constante desde aquel primer ‘Festival of Friends’ de 1997, que dio paso un año después a la fiesta más colorista de Las Dalias: Namasté. Este éxito ha sido posible gracias a la iniciativa de Merel, Alok y Jon Michell, que han contribuido a agrandar la leyenda de Las Dalias y que son parte esencial de la gran familia del mercadillo.

La primera fiesta que celebraron en 1998 sorprendió por su decoración, creada por Merel y Belinda, y por la música de Alok. Después se unió al grupo Jon Michell, que durante estos años se ha ocupado de la dirección musical. En sus orígenes, la fiesta Namasté era más bien una reunión informal a la que, sobre todo, acudían artesanos y artistas. Con música y buena comida vegetariana, se relajaban juntos y fortalecían sus amistades. Con el paso de los años, y siempre sin perder la esencia, la fiesta ha ido a más, sobre todo en el apartado musical, ya que puede ofrecer una veintena de conciertos en una temporada.

El público ha encontrado en esta fiesta un lugar donde el tiempo parece detenerse y donde cualquier persona es bienvenida. Sonidos de África, India y Asia, con toques de flamenco, reggae y trance, envuelven a los asistentes en un ambiente único de músicas del mundo.

La inmersión en la experiencia Namasté es como entrar en un mundo de las mil y una noches, gracias a la decoración de Merel y al talento de enormes músicos como Prem Joshua, Nina Hagen, Madboojah Project o Hilight Tribe. La música atrapa a los asistentes, que se van cargando de energía conforme avanza la fiesta, que comienza en el jardín y termina en la sala interior de Las Dalias.

“El secreto de Namasté es que es una fiesta que se mantiene fiel a su origen y esencia, pero innovado cada año con nuevas propuestas musicales. Un punto de encuentro de culturas, de belleza, música, color y alegría, un lugar donde las personas se sienten libres, dejando en la puerta sus creencias e ideologías”. Así la definen sus creadores y así lo viven miles de personas cada temporada en Las Dalias desde más de 20 años.

Alok destila la esencia de la fiesta en una sola frase: “Hemos creado un lugar de vibración y energía en el que la gente se siente confortable y abre su corazón”. Así, Namasté se ha convertido con los años en algo más que una fiesta. Es una conjunción de decoración, música y espíritu que genera “una energía luminosa” que envuelve a los visitantes, muchos de ellos fieles año tras año, y les hace sentirse en un ambiente tan festivo como familiar, porque no hay que olvidar que uno de los puntos fuertes de Namasté es que es una de las pocas fiestas nocturnas de Ibiza en la que pueden bailar y disfrutar tres generaciones al unísono en perfecta armonía.

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